Entra un cliente, te pregunta qué haces y tú te lanzas: hablas de tu método, de lo que incluye, de tres planes distintos. La persona asiente, dice «ya te diré algo» y se va. No es que no le interesara. Es que no entendió del todo qué le estabas ofreciendo, y lo que no se entiende no se compra. Explicar claro no es tontería: es lo que hace que te elijan a ti y no al de enfrente.
La mujer que explicaba lo difícil con un trozo de cable
Grace Hopper fue una de las pioneras de la informática, allá por los años cuarenta, cuando los ordenadores ocupaban una habitación entera. Tenía un don que no era programar: era explicarse. Cuando los mandos militares no entendían por qué una señal tardaba tanto, no les soltaba un sermón técnico. Les daba a cada uno un trozo de cable de unos 30 centímetros, justo lo que recorre una señal eléctrica en una milmillonésima de segundo, y les decía que se lo guardaran en el bolsillo. De repente, algo imposible de imaginar se podía coger con la mano. Lo cuenta el catálogo Dataphys, con la ficha del museo Smithsonian (consultado el 16 de octubre de 2026): repartía esos cables en sus charlas desde finales de los años sesenta.
Hay otra historia suya que te va a sonar. En 1947, una máquina enorme en la que trabajaba empezó a fallar. ¿El culpable? Una polilla metida entre dos contactos. La pegaron con celo en el cuaderno de incidencias y escribieron al lado: «primer caso real de un bicho encontrado». Grace Hopper estaba allí y fue ella quien hizo famosa la anécdota contándola en sus charlas. Por eso hoy, a un fallo informático, lo llamamos «bug», que en inglés es justo eso, un bicho. Lo recoge el Computer History Museum (consultado el 16 de octubre de 2026). ¿La lección de las dos historias? A un problema se le llama por su nombre y en cristiano. Eso es lo que te conviene copiar.
1.Di lo que haces en una sola frase
Prueba esto: resume a qué te dedicas en una frase que entendería tu madre sin que le expliques nada más. «Arreglo coches», «pongo uñas», «doy clases de inglés a niños». Nada de «somos tu socio de confianza para todo». Si para contar tu trabajo necesitas tres líneas y dos palabras raras, la persona desconecta antes de llegar al final. La frase corta y clara es la que se queda en la cabeza y la que luego repiten a un amigo.
2.Enséñalo, no lo cuentes
Lo que hizo Grace con el cable vale para tu negocio: pon lo que ofreces delante de los ojos del cliente. Una foto del antes y el después, el plato ya montado en el plato, el mueble terminado. Mejor una imagen buena que un párrafo explicando lo bien que trabajas. La gente no compra lo que le cuentas; compra lo que ve y entiende de un vistazo. Y de paso te ahorras la mitad de las preguntas.
3.Llama a las cosas por su nombre
Lo del «bug» es puro sentido común: a un problema, su nombre, sin rodeos. ¿Que algo cuesta más? Dilo, y explica por qué. Y cuando un arreglo no merece la pena, también se avisa. El cliente no se enfada por una mala noticia bien explicada; se enfada por la sensación de que le estás mareando. Hablar claro, aunque a veces incomode, es lo que hace que la gente se fíe de ti y vuelva.
4.Una idea por mensaje
Cuando escribes a un cliente, por WhatsApp o donde sea, no metas cinco cosas de golpe: el horario, la oferta, el cambio de dirección y dos avisos más. Se pierde todo. Una idea por mensaje. Si tienes que decir tres cosas, son tres mensajes cortos, y cada uno se entiende solo. Lo mismo vale para un cartel o una publicación: un mensaje claro cada vez, no un ladrillo que nadie lee entero.
Explicarse claro no es un truco nuevo. Es lo mismo que hay detrás de mirar de cerca como hacía Leonardo y de tener claro el método antes que la herramienta, como Ada Lovelace: entender bien lo que haces para poder contarlo sencillo. Y si quieres un gancho que funciona de verdad, aquí va otro: cómo sacarles partido a tus reseñas de Google. Tienes todos los artículos en nuestro blog.
¿Y si tus redes hablaran igual de claro?
En Lume llevamos las redes de negocios locales con esa idea: que quien te encuentre entienda a la primera qué haces y por qué eres una buena opción, sin rodeos ni palabras raras. Si te apetece, le echamos un vistazo a lo tuyo y te decimos por dónde empezar, sin compromiso.
Ver cómo funciona Lume →VertigoByte · Albacete